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  • juanjovergara

La buena noticia, algo está cambiando en educación


[Publicado en suplemento "Comprometidos con el Futuro de la Educación". Diario Magisterio. Feb, 2017, p.12-13]

Hace pocos meses me invitaban a dar una conferencia sobre innovación y cambio educativo. Era la mañana de un sábado soleado que invitaba a pasear las calles de la ciudad. O escapar a disfrutar -en la playa- los que se esperaban últimos días de sol del final del otoño.

Mientras varios centenares de asistentes ocupaban sus asientos, recuerdo que un organizador me hizo esta pregunta: “¿Qué hay de nuevo en la educación?”. No pude más que invitarle a que mirara a su alrededor y preguntarle: “¿Qué crees que hacen aquí todos estos docentes?”.

No es la primera vez que describo los docentes innovadores como “buscadores”. Fantásticos profesionales, con los que me encuentro a menudo en decenas de foros, y a quienes les une una característica que les destaca como verdaderos lideres del cambio educativo: Se muestran profundamente insatisfechos con el paradigma educativo actual y son capaces de hacerse preguntas que lo cuestionan desde la raíz.

No aporto nada nuevo si señalo que la escuela que vivimos en el siglo XXI no se diferencia en mucho a las que plagaban el mundo del siglo XIX. Tampoco si describo los radicales cambios que ha sufrido la sociedad en todo estos años. La escuela no ha cambiado a la velocidad de la sociedad. ¿Cuál ha sido la respuesta que se ha dado para responder a esta paradoja?.

Salvo honrosas excepciones, los planes de innovación educativa se han centrado en responder una pregunta errónea: ¿Qué?. “¿Qué nuevas herramientas necesitan aprender los docentes para adaptarse a los cambios?”. Es una bienintencionada pregunta que llevó a desarrollar planes de formación en el manejo de todo tipo de tecnologías educativas –pizarras digitales, tablets, programas educativos, etc.- y luego apostar decididamente por el bilingüismo como la panacea de la excelencia educativa. Paralelamente a ello se ha vivido una enloquecida fiebre por calificar las organizaciones con sellos de calidad y mejorar la posición en el ranking de las pruebas externas.

Cuando hablo sobre todo ello con docentes la respuesta es unívoca: viven estos cambios como una carga de trabajo adicional que en poco ha cambiado sus prácticas cotidianas en el aula. Han debido aprender a utilizar nuevos programas informáticos, deben dictar sus clases en inglés o padecen el empleo de complejos instrumentos de evaluación que han debido acomodar a sus clases. Unas clases que han cambiado poco -en términos generales- en cuanto a la forma de relacionarse con sus alumnos, el modelo de calificación, la relación con las familias y la propia estructura organizativa que viven cada día: horarios, calendario, tareas, etc.

Sin embargo algo ha cambiado radicalmente en estoy últimos años. La buena noticia es que los docentes han dejado de preguntarse ¿qué? y han pasado a preguntarse ¿Cómo?. O dicho de otra forma: ¿Qué cambios hay que hacer en las prácticas cotidianas para que la enseñanza responda a las necesidades del aprendizaje del siglo XXI?.

Asistimos a una época prolífica en el campo de las metodologías educativas. Las nuevas miradas al aprendizaje basado en el estudio del cerebro y las nuevas teorías cognitivas se han convertido en herramientas prácticas. Los docentes pueden ahora elaborar “paletas” de actividades que responden a las distintas maneras de aprender. Se han descrito distintas rutinas de pensamiento y elaborado modelos para la elaboración de proyectos basados en la comprensión. Programas que buscan el desarrollo de la inteligencia emocional o el uso de herramientas basadas en la inteligencia visual, corporal, etc. La importancia de la colaboración como mecanismo de aprendizaje se ha traducido en estructuras de trabajo cooperativo, modelos de organización del aula y de los propios alumnos. La inclusión de la tecnología ha cuestionado el tiempo y el espacio de las actividades escolares elaborando modelos que invierten las tareas –flipped classroom-. También explora las ventajas que ofrecen los video juegos –gamificación-.

Los retos que deben enfrentar los aprendices del presente ha centrado la búsqueda en herramientas útiles para el desarrollo de las competencias que debe poner en juego un sujeto en un mundo cambiante como el que vivimos. Hoy el trabajo se centra en desarrollar la capacidad de “aprender a aprender durante toda la vida”, lo que invita a que sean capaces de construir su personal entorno de aprendizaje –P.L.E.- orientando la mirada hacia las llamadas softskills. También se han desarrollado diversos modelos que buscan que los aprendices hagan efectivo un cambio en su entorno llevando a la práctica lo que aprenden con modelos basados en la intervención comunitaria –aprendizaje y servicio- o distintos modelos de proyectos que unen teoría y práctica –desing thinking-.

Esta relación no es exhaustiva en el escenario en la innovación educativa. Tampoco es lo más relevante que ha pasado en el cambio educativo. Porque lo realmente importante es que las nuevas demandas de formación de los docentes han cambiado radicalmente.

Los docentes están cansados de “recetas” que les aseguran el éxito. Saben que la implementación de “tal o cual” metodología no produce el cambio. Se trata en definitiva de un cambio de mentalidad.

Al igual que los aprendices del siglo XXI han pasado de ser receptores de contenidos y deben convertirse en creadores activos de su aprendizaje, los docentes han comprendido que el cambio que desean para sus clases no pasa exclusivamente por aprender a utilizar estas nuevas herramientas.

El nuevo docente es un profesional crítico que sabe que el experto en sus clases es él mismo. Sabe que existen multitud de herramientas nuevas y valiosas para llevar el cambio a su aula. Pero sobre todo sabe que este solo será real y asume el rol de agente de cambio e innovación.

El prolífico desarrollo de blogs, comunidades y publicaciones sobre experiencias educativas son prueba de ello. Hoy el docente –más que nunca- sabe que es un “buscador”. Este nuevo perfil de docente que innova creando contenidos y reflexión es el cambio radical de paradigma en la innovación educativa.

Sin duda esto llevará a una reformulación definitiva en los planes de formación docente -y también de innovación- en las distintas administraciones educativas. Aquellas que insistan en diseñar sus planes de formación como una “carta de metodologías” en las que los docentes no participan activamente seguirán en modelos de innovación anclados en el pasado. Es un apasionante trabajo que invita a reformular desde la raíz la estructura de los equipos y las funciones de los equipos de asesores de formación y sus propios modelos de funcionamiento convirtiéndoles en auténticos gestores en la creación de contenidos.

Un emocionante reto que no tiene vuelta atrás. Porque –como señalaba antes-; la buena noticia es que los docentes ya lo están haciendo. Asistimos al desarrollo imparable de verdaderas comunidades de innovación desde la práctica y que comparte materiales, experiencias y reflexiones a golpe de tuit, blogs e incluso whatsapp. Bienvenido sea el cambio.


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© Juanjo Vergara.