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  • juanjovergara

COVID-19 La lección que nos da la juventd


Hace nueve años ya estaba formando educadores sociales. Cuando nació el 15M -en 2011- muchos de mi alumnos y alumnas estaban en su periodo de prácticas en distintas entidades sociales. Se trataba de animadores socioculturales y su hábitat natural son las asociaciones de barrio, proyectos inclusivos, de atención a la disfuncionalidad, mayores, niños, jóvenes en riesgo….

Fue emocionante comprobar como -de un día para otro- recibí decenas de mensajes en los que se disculpaban por no poder acudir al centro de prácticas. Estaban en la plaza del Sol de Madrid en un movimiento ciudadano sin precedente cercano. Algunos construyeron escuelas infantiles en un rincón de la plaza, otros una huerta. Los que manejaban bien los medios se convirtieron en los comunity manager del movimiento. Trabajaron desarrollo comunitario “a tope” veinticuatro horas al día. La respuesta de las entidades con quienes tenían que hacer sus prácticas fue de admiración y reconocimiento.

Al final pudieron terminar su periodo de prácticas sin contratiempos, pero queda mi admiración por ese grupo de jóvenes que salieron a la calle con lo mejor de ellos mismos: sus manos, su solidaridad y su trabajo de sol a sol.

Hoy estamos en una situación distinta pero ha producido una respuesta similar. Una respuesta que me llena de orgullo. La pandemia nos tiene a todos en casa, asustados y disciplinados. Sin embargo, decenas de jóvenes despliegan solidaridad y cooperación.

Dicen que los jóvenes no participan. Pero es falso. Estamos ante una de las generaciones más participativas que existe. Hablo con Julián y me dice que se ha implicado en la coordinación del grupo de ayuda en el distrito. Elena sabe que pillará el COVID-19 pero le da igual. Se ha comprometido con una residencia de mayores para atenderles. Felipe no dudó en prestarse como voluntario para atender necesidades del barrio. Y así cientos.

Sin duda los nombres son ficticios pero las historias no lo son. Me decía una compañera: “¡esto si que es hacer unas prácticas!”. Tenía razón.

La juventud de hoy participa y mucho. Pero las condiciones de la participación han cambiado. Esto deben entenderlo las generaciones anteriores y aún no ha sucedido. Hoy la participación pasa por que exista una relación directa entre el emisor y el receptor de la propuesta. También porque el que acepta la propuesta pueda crear parte del contenido de la misma. Ya no sirve el modelo de participación “aborregada” en la que unos proclaman la iniciativa y el resto la sigue. Nuestros jóvenes -nosotros mismos- quieren ser parte del contenido de la iniciativa a la que les llaman a participar.

Hace unos años -en 2017- volvía yo de Puerto Rico huyendo del huracán María y a mi llegada a Madrid encontré que lo peor había sido algunos kilómetros al oeste. En Ciudad de México. Allí un terrible terremoto asoló la ciudad. Algunos días después el diario El País publicaba un precioso reportaje contando la historia de los héroes que protagonizaron el salvamento en sus primeros momentos. Eran jóvenes que con motocicletas y redes sociales mapeaban el terreno en busca de supervivientes, enterrados, necesitados de ayuda… ¡los jóvenes sí participan!

Hoy vuelvo a dirigir las prácticas de varias decenas de educadores en formación que están deseando acudir a sus centros para aprender. Pero antes que esto, lo que están haciendo es sacar lo mejor de ellos mismos para ayudar al resto. Colaboran, participan, se exponen a la pandemia, entregan comida a los mayores, medicinas o crean redes de ayuda en los barrios.

Espero que cuando esto pase la sociedad no olvide quien llevaba comida al anciano, quién le limpiaba, le hacía compañía y no tuvo reparo en contagiarse porque pensaba solo en valores que esta sociedad ha enviado al rincón más alejado del discurso: solidaridad, amor, escucha y compromiso.


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© Juanjo Vergara.