© Juanjo Vergara.

El límite de tus sueños

22 Mar 2016

 

 

Los ingredientes del aprendizaje: Placer, Aventura, Sorpresa, Emoción y Soñar.

 

¿Qué tienen que ver los sueños con el aprendizaje?. En los últimos tiempos cada vez me convenzo más que el aprendizaje es una suerte de viaje. Un recorrido que emprenden los alumnos para satisfacer sus necesidades de comprensión de lo que les rodea y actuar sobre ello. Cualquier cosa que quede fuera de este intencionado viaje caerá irremediablemente en el olvido.

 

Cuando viajamos suceden algunas cosas que me interesan. Todas ellas tienen mucho que ver con el aprendizaje de nuestros alumnos y también con el papel que nosotros jugamos en él.

 

Placer

Cuando viajamos empleamos mucha energía en todas las tareas que implica: Buscar el destino, negociarlo, investigar las posibilidades que ofrece en cuanto a visitas, ocio, manutención, etc. En el viaje nos esforzamos por hacer de él una experiencia memorable. Intentamos que, con quienes convivimos, también lo vivan así y procuramos sacar lo mejor de nosotros mismos para conseguirlo.

 

Sin duda viajar busca el placer de quienes nos rodean. Una búsqueda de placer en la que nos esforzamos enconadamente. El viaje es el ejemplo más explícito que el esfuerzo y el placer no son palabras contrarías. Más bien están profundamente enlazadas en muchos ámbitos de nuestra vida. Viajar es el ejemplo más evidente. Se equivocan aquellos  que asocian la cultura del esfuerzo al aburrimiento o el sufrimiento. En el viaje del aprendizaje desconectar el placer del esfuerzo hace que éste sea imposible. No existe aprendizaje sin placer, como tampoco placer sin esfuerzo.

 

Aventura

Otra característica del viaje es que puede ser descrito como una auténtica aventura. El viaje comienza con el descubrimiento de un motivo para viajar. A partir de ahí surgen interrogantes: ¿cómo llegar? ¿qué hacer? ¿qué ver? ¿por qué hacerlo? ¿cómo llevarlo a cabo? ¿cuánto tiempo dedicaremos a cada cosa? ¿qué aportará a cada viajero? ¿cómo recogemos los recuerdos? y tantas otras.

 

El viaje se estructura como una narrativa en la que existe una trama definida. Desde que surge la ocasión de viajar hasta que volvemos y reflexionamos sobre aquello que hemos visto y lo que ha supuesto en nuestras vidas. Este carácter narrativo del viaje es algo que hace que pase a ser una experiencia relevante en nuestra vida hasta el punto de cambiarnos como personas. Cuando volvemos de un viaje nunca somos las mismas personas. El viaje nos cambia en la forma de ver el mundo y las personas que nos han acompañado. El aprendizaje como narración describe un proceso similar. Cuando emprendemos el viaje del aprendizaje entramos en un mundo fantástico y desconocido; una vez que aceptamos el reto lo que nos encontramos es a nosotros mismos enfrentados a una emocionante aventura: aprender.

 

Sorpresa

Algo que es característico del viaje es que al empezar nos planteamos objetivos claros. Puede que decidamos emprender un viaje para descansar, conocer otras personas, paisajes, culturas. En otras ocasiones decidamos viajar para vivir un reto personal. En todos los casos hay dos características que se cumplen: Cada viaje parte de unos objetivos con los que inicialmente nos hemos comprometido; pero estos objetivos cambian frecuentemente a lo largo del propio recorrido. El viaje nos cambia y por tanto también lo hace de los objetivos que nos proponemos.

 

En el viaje del aprendizaje sucede algo similar. Todo proyecto comienza reconociendo determinados objetivos que nos mueven a emprenderlo pero no podemos negarnos a aceptar otros nuevos a lo largo del mismo. El aprendizaje es un viaje que nos cambia; en él los objetivos son direcciones que nos mueven día a día.

 

Emoción

No es posible viajar sin buscar desesperadamente activar la emoción con cada experiencia que vivimos. Nadie viaja sin interrogarse sobre qué siente cuando ve un determinado paisaje o cómo se encuentra al integrarse en un grupo nuevo. Las experiencias emocionales son la grasa que permite el movimiento de cada viaje, sin ellas no tendría sentido emprenderlo.

 

Aprender es un acto fundamentalmente intencional. Cuando aprendemos lo hacemos decididamente convencidos de que va a ser una experiencia emocionante. En caso contrario sabemos, a ciencia cierta, que lo aprendido pasará irremediablemente al olvido en poco tiempo. Solo aprendemos lo que nos emociona; esto solo es posible si el viaje es suficientemente seductor como para poder crear este vínculo mágico: el aprendizaje auténtico.

 

Soñar

Algo que caracteriza un buen viaje es su capacidad para iniciarse mucho antes de emprenderlo. Cuando pensamos en realizarlo –mucho antes de comenzar a pensar si es posible hacerlo o no- lo que hacemos es soñarlo. Un viaje siempre busca cumplir tus sueños. Cuando lo inicias ya has vivido el deseo, la fantasía de la experiencia que supondrá. En el caso del aprendizaje sucede igual. Aprender es luchar por cumplir tus sueños. Cuando inicias el proyecto que te lleva a aprender estás luchando por cumplirlos. Un esfuerzo que te reconforta y te da placer.

 

Y, ¿qué papel juega el docente en el viaje del aprendizaje?. Me gusta pensar que el docente no es en absoluto el guía turístico y mucho menos la enciclopedia que da respuesta a todas las preguntas. Me gusta pensar que el docente es la grasa que hace posible el movimiento. El que hace fácil el viaje del aprendizaje asegurando que las experiencias que se vivirán, conectan con las personas que lo emprenden.

 

Hace algunas semanas cerraba un ciclo de conferencias sobre innovación. En ellas era de esperar que definiera este término. Supongo que muchos esperarían una referencia a quienes con mucho o poco acierto han investigado sobre él. Sin embargo pensé en el viaje y la capacidad de buscar tus sueños y decidí concluir con una sencilla idea: Si educar es viajar hacia tus sueños, innovar es llevar al límite tus sueños

 

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