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  • juanjovergara

Navidad, ¡dulce navidad!. Hablemos de inteligencia emocional


Miro por la ventana de mi piso en Madrid y veo iluminarse la calle. La navidad ha llegado de nuevo y las luces de los árboles apagan las sombras del suelo.

La ciudad sigue sucia, desigual y fría. Sin embargo la imagen de las calles iluminadas rebosan alegría limpia y para todos y todas. Llega la navidad y el sentimiento a compartir es el amor.

No voy a hablar del consumo de energía. Pero sí del consumo de emociones. No hablaré de ellas con bisturí eléctrico, pero sí con el trazo ancho que dibuja un marco sobre el que construir el escenario que habitamos en nuestras escuelas y en la vida.

Cuando hablamos de desarrollar la inteligencia emocional lo hacemos de desplegar un conjunto de habilidades que nos permiten reflexionar sobre nosotros mismos, nuestro entorno. Lo que nos provoca y también las decisiones que adoptamos siendo conscientes de todo ello. Cuando hablamos de inteligencia emocional lo hacemos de la capacidad de escuchar y decidir en relación a ella de forma inteligente: esto es que sea beneficiosa para mi desarrollo personal y también relacional.

Educar la inteligencia emocional habla de la escucha. Escuchar es la asignatura pendiente en educación. Una rara habilidad que permite identificar lo que hay de mi y del otro en lo que tengo delante. También en decidir qué hacer con ello. Escuchar es reflexionar y decidir.

Llega la navidad y para el mundo educativo es un buen momento para educar la escucha. El entorno urbano y familiar cambian llenándose de colores. Las relaciones se incrementan y el consumo se dispara hasta lo infinito. En estos momentos es cuando obligo a mis alumnos -y futuros educadores infantiles- que vayan a algún centro comercial y analicen los juguetes su disposición, sus rasgos identitarios, sus precios, su utilidad. También que analicen como cambian sus formas de relacionarse en estas fechas. Todo un laboratorio para desarrollar la escucha y provocar la reflexión sobre qué educación queremos y para qué.


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© Juanjo Vergara.