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Lo esencial del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP)


FUENTE IMAGEN: Rocío Copete (@r_copete)


¿Qué ocurriría si adoptáramos una perspectiva diferente que colocara el aprendizaje en el contexto de nuestra propia experiencia de participación en el mundo?


Esta pregunta no es mía. Tampoco es muy actual. La hacía Wenger en un libro de 1998. Pero podríamos retroceder mucho en el tiempo para escuchar que la educación debe cambiar. También navegar hasta la actualidad para seguir escuchándola. A lo largo de todos estos años, se han sucedido en el mundo decenas de iniciativas que pretenden el cambio en educación. Sin embargo, las prácticas educativas clásicas se obstinan en desaparecer.


Escolares de toda edad, siguen identificando la escuela como “el lugar donde se ‘va’ a aprender”. Un lugar que disecciona el saber en asignaturas cada vez más especializadas y sitúa la comprensión de lo que se estudia en un futuro incierto. Un lugar en el que el alumnado se aburre o divierte, pero pocas veces emplea el tiempo en reflexionar y actuar sobre su realidad cotidiana.


¿Qué sucede en las innovaciones educativas que no parecen cambiar de forma importante las escuelas y lo que allí se hace?


La urgencia en la educación actual es situar el aprendizaje en la realidad de los aprendices. Esto obliga al docente a interrogarse sobre las vidas concretas de su alumnado. Entender que éste tiene sentido en la medida que es útil para la comprensión profunda de lo que tienen delante -también los medios de comunicación, las redes, el medio ambiente o las relaciones sociales-. También supone entender que el aprendizaje puede -y debe- producirse colectivamente. Forma parte de la construcción comunitaria de las personas y gracias a él ejercen acciones comprometidas en su contexto.


Para ello, el docente cuenta con un par de comodines interesantes:

  • Puede provocar “detonantes” que inviten al alumnado a emprender proyectos de aprendizaje. Aventuras en las que el centro es él mismo y lo que le rodea.

  • Puede plantear situaciones en las que el aprendizaje es algo global y no parcelado en asignaturas inconexas.

  • Puede situar la necesidad de aprender en el contexto concreto del alumnado y sus vidas cotidianas.

  • Puede empoderar al alumnado para que ejerza acciones concretas en respuesta a su proceso de aprendizaje: es decir; su proyecto.

  • Puede demostrar a su alumnado que lo que allí viven es parte indisoluble de la comunidad que habitan haciendo que la frontera que separa las escuelas de las comunidades se rompa definitivamente.

No es de extrañar que el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) se haya convertido -una vez más- en un talismán de la innovación. Aquí debemos recordar que diseñar proyectos educativos no es solamente un ejercicio técnico; es el compromiso del docente con las necesidades reales y concretas de aprendizaje de sus alumnos.


Decenas de sistemas educativos y planes de formación docente lo incluyen como la “receta” que moderniza su discurso sobre la educación. Sin embargo, solo cambiará las escuelas, aquellas que diseñen proyectos que hablen de las vidas de sus aprendices, las comunidades que habitan y les haga protagonistas de acciones comprometidas con ellas. Aquellas que sitúen el aprendizaje en nuestra propia experiencia de participación en el mundo.




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